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miércoles, 6 de marzo de 2013

¿Sujetador? No, gracias!



Una de las partes más eróticas del cuerpo femenino es el pecho y, por asociación de ideas, también lo es el sujetador. Por eso se ha convertido en un elemento clave de la moda, y su uso se ha impuesto hasta convertirse casi en una obligación.

Aún así, en los años treinta se publicó un primer estudio en el que ya se relacionaba al sujetador con el incremento de casos de mujeres con cáncer de mama. Desde entonces se han ido sucediendo estudios de investigadores y médicos que también se han publicado, pero que no han tenido apenas repercusión entre la población femenina, a menudo condicionada por los medios de comunicación y la publicidad.

Veamos el asombroso resultado de uno de esos estudios: 3 de cada 4 mujeres que sufren cáncer de mama suelen usar sujetador, mientras que en el caso de las que nunca lo usan, solamente una de cada 168 lo sufre. Por tanto, el riesgo de sufrir cáncer de mama es 125 veces mayor si se utiliza sujetador. Llevarlo supondría un riesgo 12 veces mayor de sufrir cáncer que fumar (y la mayoría de las fumadoras usan sujetador).


Sujetador y circulación linfática
Un estudio muy reciente llevado a cabo por dos expertos en medicina antropológica vuelve a destacar la relación existente entre llevar sujetador y el cáncer de mama. El sujetador comprime los diversos ganglios y canales linfáticos, las toxinas ya no se pueden eliminar de manera natural mediante el drenaje linfático y se acumulan en la mama originando con el tiempo quistes, nódulos fibrosos y tumores cancerígenos.

Los capilares linfáticos son subcutáneos y microscópicos. Se comprimen con una ligera presión, impidiendo que la linfa cargada de productos de desecho los deposite en los vasos o incluso en los ganglios. La linfa entonces se estanca y las toxinas que no ha podido liberar se vuelven nocivas. Llevar el sujetador más o menos apretado por los elásticos, refuerzos o copas que elevan el pecho comprime estos capilares y vasos linfáticos, obstruyendo la circulación.

Además, los sujetadores hacen que la temperatura de los senos aumente considerablemente debido al tejido que cubre las mamas y a la compresión a la que se ven sometidas. Esto se ha podido comprobar mediante estudios termográficos. Sabemos que una mama precancerosa o cancerosa tiene una temperatura mayor que una mama sana.


El masaje natural que se produce si no se lleva sujetador
El movimiento natural del pecho al caminar, cuando no se lleva sujetador, produce un masaje que permite que la linfa circule. Cuando se interfiere en este movimiento natural, la linfa ya no puede circular, las toxinas se acumulan y aparecen los quistes y tumores.

En algunas partes del mundo (Japón, Fiji, regiones maoríes o indias…) no dudan en hacer campaña para volver a utilizar la ropa tradicional que deja los pechos en libertad, después de la aparición de cáncer en mujeres tras haber adoptado la forma de vestir occidental.


Una falsa necesidad
Desde 1978, varios estudios médicos llevados a cabo en Francia, Estados Unidos, Japón y Gran Bretaña han señalado que, a diferencia de lo que se creía, el sujetador puede aumentar la caída del pecho. A pesar de ello, la industria textil no deja de pregonar lo que ningún estudio médico confirma.

Algunos estudios paralelos realizados en Japón y también en Francia por el profesor Jean Denis Rouillon, especialista en medicina deportiva del Centro Hospitalario Regional Universitario (CHU) de la ciudad de Besançon, han demostrado que llevar sujetador favorece la caída del pecho. “Las mujeres son partidarias de dejar de llevar sujetador, tanto por comodidad como por estética. Contrariamente a lo que se pensaba, no sólo el pecho no se cae sino que se reafirma, se levanta y la calidad de la piel mejora”.

Así es. Al utilizar sujetador, los ligamentos de Cooper y los músculos cutáneos, que son el sostén natural del pecho, dejan de trabajar, atrofiándose mientras el pecho pierde su firmeza, descolgándose aún más rápido con el paso del tiempo.

Los senos se encuentran recubiertos por una membrana fina y muy resistente, que a medida que desempeña su función se vuelve aún más fuerte. A su vez están suspendidos por sus ligamentos, como si de una redecilla se tratase. De ahí que en ocasiones, al dejar de llevar sujetador, se pueda experimentar una desagradable sensación de tirantez que se prolonga unas semanas hasta que recuperan su firmeza.


El desarrollo en las niñas
Condicionadas por nuestra sociedad, las madres disfrazan a sus hijas con este complemento desde el mismo momento en que les empieza a crecer el pecho. Este gesto ya contribuye a que se empiece a caer el pecho, puesto que los elementos anatómicos de suspensión del seno, tanto musculares (platisma) como conjuntivos (fascia), se fortalecen durante el desarrollo de la niña, cuando la fuerza de la gravedad o los movimientos mecánicos que se producirían si no se llevara sujetador se están ejercitando.


Un sostén mecánico natural 
Mediante la colocación de sensores en el cuerpo de mujeres atletas, investigadores deportivos han podido descubrir que, durante la práctica deportiva, el pecho se mueve 6 cm de arriba abajo y 9 de izquierda a derecha. Estos movimientos (que con un sujetador se reducen en un 70%) permiten que el pecho se adapte y que multiplique de forma natural su sujeción. Tan desconcertante como asombrosa es la constatación de que, a pesar de todo lo que nos habían dicho, después de tres años de estudio a estas atletas no sólo no se les había caído el pecho, ni menos aún se les había quedado flácido, sino que hasta se les había realzado.


Estudio médico sobre la evolución de la comodidad de no usar sujetador (2009)
Al comenzar el estudio, el 42% de las participantes no se sentían cómodas sin sujetador. Tres meses después, la incomodidad había desaparecido. Tres años después, a nadie le duele ni le molesta ya no usar sujetador en sus actividades habituales, incluidas las deportivas. ¡El ángulo del eje del pezón con respecto a la horizontal aumenta de media un 180%!

Desde el punto de vista estético se trata de un cambio positivo, ya que sería el efecto contrario al de la caída del pecho (ptosis mamaria). El seno sin sujetador se hace más fuerte. No usar esta prenda proporciona a la mujer un pecho con más firmeza natural y más elevado, contrariamente a lo que se creía.


Desaparición de los dolores al dejar de utilizar sujetador
Dos cirujanos británicos, especialistas en patología de la mama, han llevado a cabo ensayos en dos clínicas en Inglaterra y Gales. Han realizado un estudio con mujeres para comprobar si el hecho de no utilizar sujetador podía disminuir los dolores de pecho. Según su investigación, la mayoría de las participantes sentían menos dolor después de tres meses sin utilizar sujetador. Para el estudio solicitaron a las mujeres que sustituyeran el sujetador por una especie de camiseta elástica o top, o incluso que no llevaran nada. Al terminar el estudio, ninguna deseaba volver a utilizar sujetador porque habían ganado en bienestar y comodidad.

Otro estudio ha arrojado los siguientes resultados con respecto al tratamiento del dolor de hombros en mujeres con mucho pecho. En la investigación, realizada a lo largo de cinco años, se propuso a las pacientes que durante dos semanas aligeraran el peso que ejercía sobre sus hombros el uso del sujetador dejando de usar éste. Según el estudio, a largo plazo se lograba que desapareciera el dolor de hombros simplemente dejando de utilizar sujetador. De hecho, el 79% de las pacientes decidieron, después del estudio, descargar de manera permanente a sus hombros del peso del pecho desprendiéndose definitivamente del sujetador, ya que se sentían liberadas.


Reproducido con la autorización del “Le Journal de Michel Dogna” por Juan-M Dupuis


   

jueves, 21 de febrero de 2013

¿Chi Kung para las enfermedades crónicas, degenerativas y cáncer?



CHI KUNG (QIGONG) ¿UNA SOLUCIÓN PARA EL CÁNCER Y PARA LAS ENFERMEDADES CRÓNICAS Y DEGENERATIVAS?

(Texto completo expuesto en el 2º congreso Mundial de Chikung celebrado en San Francisco entre el 21 y el 23 de noviembre de 1997 por el Gran Maestro Wong Kiew Kit, que recibió el premio de "Maestro de Chikung del año".)

El enfoque terapéutico en la medicina convencional es prescribir un tratamiento particular para una enfermedad particular. Esto es efectivo cuando la causa de la enfermedad es conocida, como en el caso de la malaria y la tuberculosis. Pero cuando la causa es desconocida, como en el cáncer y las enfermedades crónicas y degenerativas, prescribir un tratamiento para curar la enfermedad se convierte en teóricamente imposible.

El tratamiento por lo tanto, queda relegado al propósito de aliviar los síntomas, no la enfermedad.
Podría interesarle saber que en la filosofía médica china, los médicos no tratan la enfermedad--tratan al paciente. Los médicos chinos no se preocupan de tratar el cáncer o la arteriosclerosis, sino de que sus pacientes se curen y estén bien. Superficialmente, tratar las enfermedades y restaurar la salud del paciente puede parecer lo mismo, pero si lo examinamos con más profundidad nos muestra que son muy diferentes, y en el caso del cáncer y las enfermedades crónicas y degenerativas, es la diferencia entre la resignación y la esperanza, el sufrimiento y la recuperación.

Los médicos chinos restauran la salud del paciente, restaurando la armonía Yin/Yang. En términos más familiares en Occidente, esto quiere decir restaurar la habilidad natural del paciente para superar las enfermedades.

No olvidemos que los mismos factores que causan el cáncer o cualquier enfermedad crónica o degenerativa en un paciente también afectan a otra gente, pero otra gente no sucumbe a la enfermedad, a pesar de la presencia de los factores causantes de ella, porque sus sistemas corporales funcionan de forma natural para superarlos. Más significativo es, el hecho de que antes del comienzo de la enfermedad, el mismo paciente tiene esta habilidad natural.

Aunque puede haber incontables factores inmediatos que causan que los sistemas corporales fracasen en sus funciones naturales, la causa-raiz es debida a los 2 factores que siguen:

1) Bloqueo energético que perturba el flujo de energía que hace funcionar los sistemas corporales.
2) Energía insuficiente para que los sistemas funcionen.

Por ejemplo, si el flujo de energía que informa al cuerpo de que hay células cancerígenas o exceso de grasa se interrumpe, el cuerpo no activará los mecanismos necesarios para adaptarse al ambiente de forma efectiva. O si el cuerpo no tiene suficiente energía, entonces no será capaz de adaptarse a las circunstancias con efectividad.
Al fin y al cabo, la vida es un significativo flujo de energía. Si este flujo de energía se interrumpe o es insuficiente, la enfermedad aparecerá. Chikung es el arte de la energía y su objetivo fundamental es promover un flujo de energía armonioso. En términos occidentales, esto significa asegurarse de que la energía que mantiene el sistema de realimentación (feedback), que produce solo las hormonas adecuadas en el cuerpo, que repara el desgaste, que se deshace de los residuos tóxicos, que proporciona inmunidad y defensas y que llevan a cabo otros innumerables trabajos que te mantienen a ti, a mi y a cualquier otro, vivo y sano, funcionan de forma natural.

Esto se consigue de 2 maneras principalmente, las cuales a su vez son los 2 aspectos principales del entrenamiento chikung, a saber:

1) Limpiar o despejar el bloqueo de energía.
2) Aumentar los niveles de energía.

Según las estadísticas, 1 de cada 5 personas en los Estados Unidos sufre de cáncer, y la situación en otras partes del mundo es igual de negativa. Aun así, la primera causa de muerte hoy, es todavía (especialmente en los países desarrollados) las enfermedades cardiovasculares. Otras enfermedades crónicas y degenerativas, tales como el asma, diabetes, úlcera péptica, artritis, reumatismo y otros dolores corporales también están causando mucho sufrimiento.

"El punto crucial que quisiera compartir hoy con ustedes y con el resto del mundo, es que el cáncer y las enfermedades crónicas y degenerativas pueden curarse practicando Chikung".

Esta afirmación, hecha con sinceridad, se basa no solo en una sensata filosofía médica, sino en mis muchos años de experiencia curando a pacientes de esas enfermedades. Muchos otros Maestros de chikung tienen éxitos similares.

Presentaré la explicación filosófica de la curación chikung en esta sesión plenaria, después demostraré técnicas relevantes de chikung en los talleres prácticos que le seguirán. Para entender como y porque practicar chikung puede curar el cáncer y otras enfermedades crónicas y degenerativas es necesario ser consciente de que el paradigma médico convencional de Occidente no es la única forma correcta de enfocar el cuidado de la salud y el tratamiento de la enfermedad. Otra forma, que ha pasado la prueba del tiempo a través de muchos siglos, es el paradigma de la medicina tradicional China.

Nos puede servir de inspiración saber que el sistema médico chino es el que ha mantenido la salud y el bienestar de la población más grande del planeta durante el periodo más largo de la historia conocida. De acuerdo con la filosofía médica china, no existe algo que sea "enfermedad incurable" a pesar de que el paciente pueda resultar incurable si su enfermedad, incluso una muy simple, ha causado un daño más allá de un cierto límite. El punto de partida de la práctica médica china es que todas las personas son sanas por naturaleza. Solo unos minutos para la reflexión, servirán para comprobar la veracidad de esta afirmación. Alrededor de vosotros, igual que alrededor de cualquier persona del mundo, hay literalmente millones y millones de gérmenes que pueden causar enfermedades mortales. Estás constantemente sometido al desgaste dentro de tu cuerpo, y expuesto a todo tipo de estrés y de poderosas radiaciones del espacio exterior.

Con todo, a pesar de todos estos factores causantes de enfermedad afectándote en todo momento, permaneces sano. De hecho, si no fuera por nuestra habilidad natural de superar enfermedades, nadie podría vivir ni siquiera unos instantes. ¿Entonces, porque aparecen enfermedades en algunas personas? Es porque sus sistemas corporales han fracasado en su ajuste a las circunstancias causantes de la enfermedad. En la filosofía médica china nos referimos a este fallo como "falta de armonía Yin/Yang". Yin simboliza los sistemas corporales y Yang, los agentes causantes de la enfermedad.

Afortunadamente, lo normal es que exista armonía Yin/Yang: la salud es un derecho natural. La enfermedad, sea cual sea el nombre con el que etiquetemos sus síntomas es antinatural y puede remediarse. Tomemos el cáncer como ejemplo, es un hecho innegable que estamos viviendo literalmente en un océano de agentes cancerígenos, y que somos bombardeados por radiaciones en todo momento. En otras palabras, los agentes cancerígenos y la radiación que pueden causar cáncer en 1 de cada 5 personas en los Estados Unidos y otros países, también afectan a las otras 4 personas. De hecho lo que deberíamos preguntarnos es no porque 1 de cada 5 personas padece cáncer sino porque 4 de cada 5 no lo padecen.

Actualmente, según los expertos en cáncer, todo el mundo padece cáncer no 1 o 2 veces sino miles de veces a lo largo de su vida, y ese mismo número de veces supera el cáncer sin saberlo conscientemente. Solo cuando los sistemas de una persona fallan en sus funciones naturales, el cáncer o cualquier dolencia aparece como una enfermedad clínica. Tomemos otro ejemplo, el de la arteriosclerosis. Si se deposita demasiada grasa en las paredes internas de las arterias, restringirá la suave circulación de sangre, dando como resultado problemas serios. Como la medicina occidental, en su estadio actual no entiende la causa de los síntomas que colectivamente se clasifican como arteriosclerosis, no se puede ofrecer una solución efectiva. El público tiene la impresión general de que si uno come demasiadas grasas, es más propenso a padecer arteriosclerosis.

Pero, de hecho, usted y la mayoría de gente puede tomar más grasa que los pacientes con arteriosclerosis pero no por ello sufren la enfermedad. Esto es porque sus sistemas corporales pueden adaptarse y ajustar las grasas, mientras que los sistemas de los pacientes han fallado en su función natural.

La pràctica del Chikung està mucho màs allà de un simple ejercicio fisico, es saber crear la energìa suficiente para desbloquear nuestros meridianos; es saber almacenar nuestro CHI en el DAN TIEN inferior; es saber hacer circular la energia por los canales gobernador y concepciòn para nutrir nuestros òrganos y muchos otros secretos màs, que tienen que ser dirigidos,enseñados y vigilados por un maestro de chikung cualificado.




lunes, 11 de febrero de 2013

Afrontar el cáncer de forma holística: conferencia de Alberto Martí Bosch

El siguiente vídeo es una conferencia del doctor Alberto Martí Bosch, especialista en oncología infantil. Alberto Martí Bosch nos cuenta en él cómo afrontar el cáncer de forma holística.
Además nos explica de forma totalmente lógica el porqué del origen de muchas enfermedades, como la artritis, la colitis ulcerosa, el alzheimer o el mismo cáncer.

Este eminente doctor, tras hastiarse por los bárbaros métodos que empleaba habitualmente en su trabajo, como la quimioterapia o la radioterapia, comenzó a experimentar con métodos mucho menos agresivos y totalmente naturales con los que consiguió asombrosos resultados.

Un vídeo ameno y sencillo, que abre la mente a la comprensión de las causas en las enfermedades, y facilita las posibilidades de solución y prevención.




"El cáncer no es una enfermedad" de Andreas Moritz




“El cáncer no es una enfermedad, sino un mecanismo de supervivencia” es el título de uno de los libros más importantes del terapeuta y divugador internacional de salud holística Andreas Moritz (1954-2012), en el que no frivoliza en absoluto con este problema que afecta ya a 1 de cada 3 hombres y 1 de cada 4 mujeres a lo largo de su vida, sino en el que expone otro enfoque del cáncer, de sus causas, de lo que representa y por tanto, de su tratamiento.

En estos textos, pertenecientes al capítulo “Por qué el cáncer no es una enfermedad y por qué eso es una buena noticia” de su obra “Los eternos secretos de la salud“, Andreas Moritz explica su visión sobre el cáncer:

Por qué el cáncer no es una enfermedad y por qué eso es una buena noticia

“Es más importante saber qué tipo de persona tiene una enfermedad que saber qué tipo de enfermedad tiene una persona”
HIPÓCRATES (460-377 a.c.)

Es posible que lo que está a punto de leer sacuda o incluso desmorone los cimientos que sostienen sus creencias con respecto al cuerpo, la salud y la curación. En 2006 publiqué un libro titulado El cáncer no es una enfermedad, sino un mecanismo de supervivencia. El título puede ser provocativo para la mayoría, desconcertante para muchos y alentador para sólo unos pocos. Escribí ese libro para aquellos que tienen una mente abierta, lo suficientemente abierta para considerar la posibilidad de que el cáncer y otras dolencias penosas no son auténticas enfermedades, sino los últimos y desesperados intentos del cuerpo por seguir vivo durante tanto tiempo circunstancias lo permitan.

Quizás sorprenda al lector saber que una persona afectada por las principales causas del cáncer (aquello que constituye la auténtica enfermedad) moriría rápidamente a menos que desarrolle células cancerosas. En el libro El cáncer no es una enfermedad doy pruebas fehacientes de ello. En este capítulo se establecen las bases para comprender las causas, el propósito y el papel del cáncer.

Afirmo, además, que el cáncer sólo aparece cuando todas las otras defensas y los mecanismos de curación del cuerpo han fracasado. En circunstancias extremas, la exposición a grandes cantidades de agentes productores de cáncer (carcinógenos) puede producir un colapso de las defensas del cuerpo durante varias semanas o meses y permitir así el rápido y agresivo desarrollo de un tumor canceroso. Sin embargo, por lo general, se precisan muchos años o incluso décadas para que se formen los tumores llamados «malignos».

Desgraciadamente, las falsas creencias o la falta total de conocimiento de las razones que subyacen en el desarrollo de un tumor han convertido los tumores «malignos» en monstruos terribles sin otro propósito que matarnos en represalia por nuestros pecados o por abusar de nuestro cuerpo. Pero, como el que lee estas líneas está a punto de descubrir, el cáncer está de nuestra parte, no en contra de nosotros. A menos que cambiemos la idea de lo que en realidad es el cáncer, éste continuará resistiéndose a su curación, aunque sigamos los mejores tratamientos. Si una persona padece cáncer, y el cáncer es efectivamente parte de las respuestas de supervivencia del organismo y no una enfermedad, propongo encontrar respuesta a las siguientes cuestiones:
¿Por qué el cuerpo se ve obligado a desarrollar células cancerosas?
Una vez identificadas esas razones, ¿se pueden cambiar?
¿Qué determina el tipo y la gravedad del cáncer que una persona sufre?
Si el cáncer es un mecanismo de supervivencia, ¿qué hay que hacer para evitar que el cuerpo tome unas medidas defensivas tan drásticas?
Puesto que el cuerpo está genéticamente concebido para vivir y protegerse de adversidades de todo tipo, ¿por qué permitiría la autodestrucción?
¿Por qué la mayoría de los cánceres desaparecen por sí solos, sin intervención médica?
Las radiaciones, la quimioterapia o la cirugía ¿curan realmente el cáncer? ¿O las personas que sobreviven a un cáncer sanan por otras razones y a pesar de esos tratamientos radicales y de sus efectos secundarios?
¿Qué papel juega el miedo, la frustración, la baja autoestima y la ira contenida en la formación y el desarrollo del cáncer?
¿Qué lección espiritual y de crecimiento hay tras un cáncer?
Para tratar las causas fundamentales que originan el cáncer, hay que encontrar respuestas satisfactorias y realistas a las preguntas anteriores. Si una persona siente el impulso interno de buscar un sentido a un hecho tan impactante como es padecer un cáncer, continuar con la lectura de este libro será de gran ayuda. El cáncer puede ser una gran oportunidad para restablecer el equilibrio en todos los aspectos de nuestra vida, pero, por otro lado, también puede crear grandes traumas y sufrimientos. De cualquier modo, la persona descubrirá que siempre tiene el control sobre su cuerpo.

Para poder vivir dentro de un cuerpo humano, hay que tener acceso a ciertas dosis de energía vital. Esa energía inherente puede utilizarse de un modo que dé fuerzas y energía, o de un modo que debilite y destruya. En caso de que consciente o inconscientemente optemos por despreocuparnos o abusar de nuestro cuerpo, en vez de prestarle atención y respeto, éste no tendrá más remedio que luchar por la vida.

El cáncer es uno de los medios por los que el cuerpo trata de cambiar el modo en que nos vemos y nos tratamos a nosotros mismos y a nuestro cuerpo. Ello, inevitablemente, conduce al tema de la salud espiritual, que juega un papel tan importante en el cáncer como las razones físicas y emocionales.

El cáncer aparenta ser un gran trastorno impredecible y confuso. Según se ve, ataca tanto al que es muy feliz como al que es muy desgraciado, al rico y al pobre, a los fumadores y a los no fumadores, a los que están muy sanos y a los que no lo están tanto. Cualquier persona, sin que importe su procedencia o su ocupación, puede padecer cáncer. Sin embargo, si nos atrevemos a mirar más allá de los síntomas físicos, tales como tipo, apariencia o comportamiento de las células cancerosas, descubriremos que el cáncer no es tan casual o impredecible como parece.

¿Por qué el 50 % de la población norteamericana puede llegar a desarrollar un cáncer mientras que la otra mitad no tiene riesgo alguno? Culpar de ello a los genes es tan sólo una excusa para ocultar que se ignoran las causas reales. Además, cualquier buen genetista nos confirmaría que esa creencia está carente de cualquier lógica y de rigor científico.

El cáncer siempre ha sido una enfermedad extremadamente rara, a excepción de en los países industrializados durante los últimos 40 o 50 años. Los genes humanos no han cambiado significativamente en miles de años. ¿Por qué tendrían cambiar ahora tan drásticamente y decidir de repente matar a muchísima gente?. La respuesta a esta pregunta, desarrollada en este libro, es sorprendentemente simple: los genes dañados o defectuosos no matan a nadie.

¡El cáncer no mata a quien lo sufre! Lo que mata a un paciente de cáncer no es el tumor, sino las numerosas razones que subyacen tras la mutación celular y el desarrollo del tumor. Esas son las razones que deben tenerse en cuenta en cualquier tratamiento contra el cáncer, si bien son ignoradas por la mayoría de los oncólogos tradicionales.Los conflictos continuos, la culpa y la pena, por ejemplo, pueden llegar a paralizar fácilmente funciones corporales básicas y conducir al desarrollo de un tumor canceroso.

Tras haber visto cientos de pacientes con cáncer durante dos décadas, relacioné ciertos esquemas de pensamientos, creencias y sentimientos comunes en todos ellos. Para ser más concreto: aún no he conocido a ningún paciente de cáncer que no se sienta apesadumbrado por tener una mala imagen de sí mismo, conflictos y preocupaciones no resueltos, o traumas emocionales del pasado que todavía perduran en su inconsciente. El cáncer, la falta de fluidez física, no ocurre a menos que exista un gran trasfondo de desasosiego emocional y una gran frustración.

Los pacientes de cáncer suelen sufrir falta de confianza en ellos mismos, y con frecuencia en sus vidas hay lo que yo llamo un «problema no resuelto». El cáncer puede ser un medio para revelar ese conflicto interno. Es más, el cáncer puede ayudarles a enfocar el conflicto y a resolverlo por completo. El modo de deshacerse de las malas hierbas es sacarlas de raíz. Es así como tenemos que tratar el cáncer, de otro modo finalmente reaparecerá.

La siguiente afirmación, repetida insistentemente a lo largo de este capítulo muy importante en cuanto a la consideración del cáncer: «El cáncer no hace que una persona enferme; es la enfermedad de esa persona la que genera el cáncer». El éxito en el tratamiento del cáncer implica que el paciente se encuentre completamente bien en todos los niveles, físico, mental y espiritualmente. Una vez debidamente identificadas las causas del cáncer, se hará patente qué se necesita para conseguir un total restablecimiento. Las propuestas que se ofrecen en este libro son las de enfrentarse a la causa del cáncer dándole muy poca importancia a los síntomas de esta enfermedad, esto es, a las células cancerosas.

Es un hecho constatado médicamente que todo el mundo siempre tiene células cancerígenas en el cuerpo. Esas células permanecen ocultas a los análisis estándar hasta que se multiplican en miles de millones. Cuando los médicos anuncian a sus pacientes que los tratamientos que han seguido han acabado con éxíto con todas las células cancerosas, se refieren exclusivamente al resultado de los análisis capaces de identificar los tumores cancerosos de una medida detectable. Los análisis estándar pueden reducir el número de las células cancerosas a un nivel no detectable, pero ello no significa haber erradicado todas esas células. Dado que las causas del desarrollo del tumor permanecen intactas, éste puede volver a aparecer en cualquier momento y en cualquier lugar.

Curar un cáncer no tiene nada que ver con deshacerse de un grupo de células cancerosas que se han detectado. Tratamientos como la quimioterapia y la radioterapia pueden, ciertamente, eliminar o quemar muchas células cancerosas, pero también destruyen las células sanas de la médula ósea, del tracto gastrointestinal, del hígado, del corazón, de los pulmones, etc., lo cual conduce a veces a daños irreparables en todo el órgano o sistema afectado. Una curación completa no se produce a expensas de destruir otras partes vitales del organismo, sólo se consigue cuando las causas del desarrollo de esas células cancerosas se eliminan o se detienen. Este libro está totalmente dedicado a tratar las causas de la enfermedad, y el cáncer es una de ellas.

(…)

El cáncer no es una enfermedad

Para seguir desempeñando su tarea cada vez más dificultosa, esas células cancerosas necesitan crecer, aunque sea a expensas de otras células sanas. Sin su actividad, un órgano puede perder de repente su estructura debilitada y colapsarse. Algunas de las células cancerosas pueden incluso llegar a abandonar un tumor y penetrar en el fluido linfático, que a su vez las arrastra a otras partes del cuerpo que también sufren un elevado grado de toxicidad o acidosis. La expansión de las células cancerosas se denomina metástasis.

Sin embargo, las células cancerosas están programadas para colonizar tan sólo aquellos lugares donde hay un terreno «fértil», de elevada toxicidad (acidez), un medio en el que pueden sobrevivir y proseguir con su insólita misión de rescate. Han mutado para poder vivir en un entorno tóxico, no oxigenado, y para ayudar a neutralizar al menos algunos de los residuos metabólicos acumulados, como el ácido láctico y los detritos celulares en descomposición. En estas circunstancias, sería un error fatal por parte del sistema inmunológico destrur esí tipo de células «divorciadas», pues están llevando a cabo una parte de las funciones del sistema inmunológico.

Sin la presencia del tumor, grandes cantidades del veneno séptico derivado de los cuerpos acumulados de células en descomposición perforarían las paredes capilares, penetrarían en la sangre y matarían a la persona en cuestión de horas o días. Las células cancerosas siguen siendo células del cuerpo y si éste ya no las necesitara, una simple orden del ADN haría que dejaran de comportarse como unas locas insensatas. Las células cancerosas son todo menos loas insensatas.

El organismo ha de realizar un esfuerzo mucho mayor para mantener un tumor que para eliminarlo. Si no se viera forzado a utilizar el crecimiento canceroso como una de sus últimas tácticas de supervivencia, el organismo optaría por este último intento de autoconservación, último porque sería muy posible que fallara en su intento de sobrevivir frente a la adversidad. Como se ha mencionado ya anteriormente, la mayoría de los tumores (del 90 al 95 %) aparecen y desaparecen completamente por sí mismos, sin ninguna intervención médica. Millones de personas han ido deambulando por ahí con un cáncer en el cuerpo, y nunca sabrán que lo han tenido. No existe ningún otro tratamiento del cáncer que pueda competir squiera de cerca con el propio mecanismo de curación del cuerpo, mecanismo al que desafortunadamente calificamos de enfermedad.

El cáncer no es una enfermedad; es un mecanismo de supervivencia y autoprotección muy poco usual, pero obviante sumamente eficaz. Deberíamos dar al sistema más desarrollado y complejo del universo —el cuerpo humano— un poco más de crédito que hasta ahora, y confiar en que sabe perfectamente cómo llevar sus propios asuntos, incluso en las circunstancias más crudas.

(…)

Por qué la mayoría de cánceres desaparecen de modo natural

Cualquier crisis de toxicidad, desde un complicado cáncer a un simple resfriado, es en realidad, una crisis curativa que, si se trata con medidas depurativas, termina con una rápida recuperación. Sin embargo, si se interfiere en ella con medidas para suprimir síntomas, una «recuperación» habitualmente efímera puede convertirse en una patología crónica. Por desgracia, los oncólogos no se atreven o no se preocupan en encontrar una curación natural del cáncer; no les forman ni les pagan para ese fin. Aunque dieran casualmente con un método de curación natural nunca lo harían público.

Rose Papac, médica y profesora de oncología de la Facultad de Medicina de la de Yale, señaló una vez que actualmente hay pocas oportunidades de ver lo que ocurre con los cánceres no tratados. «Todo el mundo se siente impelido a aplicar inmediatamente un tratamiento cuando ve estas enfermedades», afirma Papac, quien ha estudiado casos de remisión espontánea del cáncer. Presas de miedo y en muchos casos lindando con la paranoia, muchas personas buscan un rápido remedio para las terribles dolencias sin dar a su organismo la posibilidad de curarse , y en vez de ello deciden destruir lo que no es necesario destruir. Ésta puede ser una de las principales razones por las que actualmente ocurren tan pocas remisiones espontáneas en pacientes de cáncer.

Por otro lado, numerosos investigadores han informado a lo largo de los años que varias afecciones, como la fiebre tifoidea, el coma, la menopausia, la neumonía, la varicela o incluso las hemorragias, pueden dar lugar a remisiones espontáneas del cáncer. Sin embargo, no existen explicaciones oficiales sobre el modo en que estas remisiones se relacionan con la desaparición del cáncer. Al ser fenómenos inexplicados sin base científica, no se utilizan para una posterior investigación sobre el cáncer. Por consiguiente, el interés de la comunidad científica por descubrir el mecanismo de autocuración del cuerpo frente al cáncer sigue siendo casi nulo.

Estas «curaciones milagrosas» se producen, al parecer, con mayor frecuencia en relación con ciertos tipos de enfermedad: cáncer de riñón, melanoma (cáncer de piel), linfoma (cáncer linfático) y neuroblastoma (un cáncer de las células nerviosas que afecta a los niños).

Teniendo en cuenta que la mayoría de los órganos del cuerpo desempeñan funciones de eliminación de residuos, es lógico que los cánceres hepáticos, renales, de colon, pulmonares, linfáticos y de piel tengan más probabilidades de desaparecer cuando estos importantes órganos y sistemas de eliminación dejan de estar sobre cargados de toxinas. Del mismo modo, los tumores malignos no se desarrollan en un cuerpo sano con las funciones de defensa y reparación intactas. Únicamente prosperan en un entorno específico interno que favorece su crecimiento. Limpiar ese entorno con cualquier medio puede marcar la diferencia a la hora de un cáncer.

Una crisis de toxicidad, como una pulmonía o una varicela, elimina cantidades de toxinas y ayuda a las células a «respirar» de nuevo libremente. La fiebre, el sudor, la pérdida de sangre, la excreción de mucosidades, la diarrea y los vómitos son vías adicionales para expulsar toxinas del cuerpo. Una vez descompuestas y eliminadas las toxinas sin obstáculos, el sistema inmunológico recibe un fuerte impulso natural. Un renovado estímulo inmunológico, basado en una reducción general de la toxicidad en el organismo, puede ser suficiente para acabar con un tumor maligno que ya no tiene ningún papel que cumplir en la supervivencia del organismo. Las afecciones indeseables como la varicela, la pulmonía, la fiebre, etc. pueden ser en realidad «un regalo de Dios» (por emplear otra expresión acientífica) que puede salvar la vida de una persona. Negarse a aceptar el regalo podría costar la vida.

Muchas personas mueren innecesariamente porque se les impide cumplir con todas las fases de una enfermedad.Las afecciones no son más que otros tantos intentos del cuerpo de dar salida a las sustancias venenosas. Si bloqueamos las vías de salida de esos venenos, cosa que sucede cuando tratamos los síntomas para eliminarlos, podemos asfixiar al cuerpo y acabar con sus funciones vitales.

Eliminar las enfermedades infantiles mediante programas de inmunización antinaturales puede hacer que los niños entren en una situación de alto riesgo en cuanto al desarrollo de un cáncer. La varicela, el sarampión y otros programas de autoinmunización (mal llamados «enfermedades infantiles») ayudan al sistema inmunológico de un niño para contrarrestar potenciales agentes patológicos de forma más eficiente y sin tener que experimentar una importante crsis de toxicidad.

Con más de 550.000 muertos de cáncer al año tan sólo en Estados Unidos, la justificación que se hace de los programas de vacunación en este país es muy dudosa. El enfoque convencional de la inmunización, no demostrado y acientífico, puede socavar y desvirtuar los programas de autoinmunización muy superiores del propio organismo. El cuerpo se inmuniza de modo natural a través de crisis cuartivas, que eliminan de forma natural las tóxinas cancerígenas. Si la inmunización industrial provoca cáncer directa o indirectamene, no tiene importancia, lo importante sin embargo, es saber que los programas de vacunación o inmunización convencionales pueden impedir que el cuerpo desarrolle crisis cuarativas que pueden salvar la vida.

(Andreas Moritz)




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